16 febrero 2010

Fuimos a la playa


Hoy desperté y sentí unas ganas tremendas de ir a la playa. No, no de ir a la playa. De salir huyendo de mí. A veces simplemente sientes que te estás ahogando y tienes que irte. Sin planear nada. Sin pensar en la ropa adecuada. Sólo irte.

Le pedí a la Goma que me acompañara y pasé por ella y por su clon. Platicamos y oímos música en el camino. Ellas no se dan cuenta, pero hicieron que yo olvide la razón del viaje.

Siempre íbamos a Progreso. Hoy vi un desvío y decidí ir a otra playa. La carretera estaba plagada de recuerdos y sensaciones de infancia. Vi cosas nuevas y otras que permanecen exactamente igual que hace 15 años.

Hay una parte de la carretera donde hay agua de los dos lados. Sentí un vértigo tremendamente familiar.

Pasamos el pueblo y luego por donde yo solía llegar cuando era niña. Les dije: "A partir de aquí, vamos a escoger una entrada y ahí vamos a doblar. No puede ser cualquiera, tiene que tener un nombre intenso, algo que nos diga algo".

Los nombres de pescados y referencias marítimas desfilaron, uno por uno, ante nuestros ojos. De pronto, a nuestra izquierda, estaba un letrero pintado con un racimo de plátanos verdes que decía "Macondo". La carcajada no se hizo esperar.

Doblamos y llegamos hasta el final del camino donde había un desfile de casas. Seguimos andando hasta encontrar un lugar donde pudiéramos tener acceso a la playa sin invadir propiedad privada.

Pasamos por una pequeña calle casi desapercibida. Volteamos y había un camino en el que parecía que la arena se juntaba con el cielo: éste era nuestro lugar.

Me estacioné y bajamos. Nos quitamos los zapatos y nos enrollamos los pantalones. La arena limpia y suave se desmoronaba en los dedos de mis pies.

Siempre tengo la idea de que al llegar, me pondré a llorar frente al mar y sacaré todo lo que llevo dentro. Pero cuando llego, siento el agua fría y no puedo dejar de mirar. La playa es el único lugar donde la tierra, el mar y el cielo se funden.

Las Gomas se fueron a recoger conchitas y yo me quedé mirando el mar.

Pensé en lo que me había llevado hasta ahí y sólo encontré dolor. De alguna manera, llegué a la conclusión de que sólo tenía que dejar de tenerlo tan presente y que los recuerdos por sí solos tomarían algún lugar borroso de mi mente.

Si mi vida fuera un coche, hoy le hubiera arrancado los espejos.

5 comentarios:

  1. Sé lo que se siente querer arrancar el dolor del alma... Quien encuentre primero la solución que se lo diga a la otra. Te parece? jajajajaja!
    Ojalá que pronto todo sea solo un recuerdo mas y sea ya no tan intenso...
    Besos Chumina ;)

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  2. Yeah man!

    Yo se que es irse a llorar a la playa, my darling, y deja decirte que no ayuda en nada..

    A reestablecer los vínculos playa-felicidad, playa-placer, playa-tranquilidad...

    La playa no es para llorar, es para recoger conchitas nuevas y arrancarle los espejos al carro.

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  3. Ya sabes, a veces la sensatez es dejar de recordar.

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  4. Chumis, tal vez no sea de mi incumbencia, pero ya leí otro post tuyo con referencia a mucho dolor... ¿que pasó?
    Yo también tengo recuerditos que llega una canción o una imagen y se me escapan por los ojos en forma de gotitas.
    Dejo un abrazo cibernético

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  5. Anónimo3:11 p.m.

    Q PUEDO DECIRTE, TIENE TODA LA RAZON MC, LA SENSATEZ ES A VECES DEJAR DE RECORDAR..CREEME, TE ENTIENDO...ANDO EN EL MISMO SENDERO QUE TU..DUELE..PERO ERES FUERTE Y LO SABES, Y TAMBIEN SABES QUE NO HAY MEJOR MEDICO QUE EL TIEMPO..CADA DIA QUE PASA TE ACERCA MAS ALA ACEPTACION..NO CREO Q OLVIDES, PERO SI QUE DEJES DE SENTIR TANTO DOLOR..UN BESO DESDE AQUI DONDE ESTOY, MUY CERCA DE TI...
    NIÑA MALA

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